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La paralización de la Universidad Central, nuestro primer centro de estudios, debiera convocar a la turbación de la conciencia del país.

Es cierto que el funcionamiento anterior de aquella institución equivalía a paralizarla pues la politiquería y el bochinche habían sentado allí sus reales.

La Universidad fue el chivo expiatorio de esos movimientos mesiánicos que en América Latina desempeñan todavía el papel de ingenuos cómplices del colonialismo porque, “en contradicción con lo que ya la ciencia sabe”, van atados a la cola de prejuicios llamados ideologías, engrillados a la era mecánica que agoniza, víctimas de edificaciones conceptuales que en el mundo desarrollado fueron derribadas por las informaciones merced a la invasión inexorable de la electricidad.

Pero no solo aquellos movimientos fueron los culpables del desastre universitario en Venezuela sino también los otros, los conservadores, con cuya connivencia nació y creció el aturdimiento en los institutos de enseñanza.

Pues bien, lo que ahora importa es que el totalitarismo que imponía a palo sus dogmas en los claustros, no sea sustituido por el control de ningún grupo, ni grupos, ni partidos con remiendos que encubran las fallas del sistema, sino que las autoridades a quienes se ha confiado el proceso de reforma, lo cumplan sin contemplaciones cambiando las estructuras, las funciones y los métodos.

En efecto, es necesario que la Universidad convertida en centro de investigación y creación cobre el puesto que le corresponde en la superación de la rectoría del País; que asuma la promoción idónea de la liberación y la dignidad humanas y del desarrollo independiente puesto a su servicio [i]; que contrariando el anodino papel que le asignó el maniqueísmo ventiochesco proceda racional, científica y dinámicamente como impulsor de las iniciativas mas audaces y de la acción mas eficaz; que repudie la rigidez y el especialismo de la era mecánica y acoja en su lugar las condiciones de amplitud, realimentación, diversidad, rapidez y pragmatismo que caracterizan a los circuitos integrados de la actividad electrónica.

¿Por qué insistir en una Universidad que s limite a producir especialistas para mercados de labores fragmentarias cuando la nueva era clama por dirigentes con visión global, capaces de hallar alternativas para la solución de los problemas, de tomar decisiones integrales, de realizar las complejas e intrépidas tareas que implica el desarrollo?

¿Por qué pretender que el estudiante se limite a copiar en su cerebro informaciones que muchas veces han perdido vigencia?

¿Cómo es posible que el bachiller que deja los estudios encuentre, en igualdad de condiciones, mas posibilidades de adiestrase para las luchas de la vida y en consecuencia para labrarse un porvenir colmado y útil, que quién continúa aislado en las aulas universitarias durante varios años?

La verdad es que en la actividad educativa ocupan el extremo opuesto los índices que anuncian la presencia de la revolución.

En lo educacional lo revolucionario sería pensar en términos de de universalidad y de futuro cuando la politiquería descarta tales pautas y las sustituye por la pequeñez y la precariedad.

Lo revolucionario sería incitar a la creatividad en lugar de degradar las almas de los jóvenes sometiéndolas a preceptivas dogmáticas, rígidas, parciales, masificadoras, centralistas.

Lo revolucionario sería propugnar la Universidad abierta adonde puedan concurrir adultos no provistos de certificados de estudios anteriores, capaz de entender que la educación superior no puede seguir siendo un privilegio sino que es parte de la misión elemental de formación permanente que para todos los hombres comienza con la vida y termina con la muerte.

¿Por qué no averiguar lo que pasó en la Universidad francesa después de los disturbios estudiantiles que voceaban la consigna de “la imaginación al poder”?

¿Por qué no observar la Universidad abierta de Londres que adiestra a mas de treinta mil alumnos sin necesidad de aulas propias, que utiliza los medios y recursos que suponen la presencia instantánea del ser humano en cualquier sitio de la tierra y la información irrestricta a través de los canales eléctricos de comunicación[ii]

Es necesario rechazar la tentación de adoptar para la Universidad la plataforma que quieren los politiqueros, castrada de imaginación, entregada a resolver mezquinos problemas de orden público y mantenedora de los vicios que le impidieron convertirse en eje de investigación y de centralización e iniciativas.

Es necesario llevar a cabo allí profundas reformas que entierren la mentalidad colonizada oculta entre falsas rebeldías, circo romano de partidos y politiqueros, escándalo de electorerismo y burocracia, barrera para la liberación económica total, para la independencia cultural, para el desarrollo integral de este país.

Aceptar en la Universidad las demandas de los grupos políticos, es decir, los consejos de oligarquías que quieren impedir la formación de dirigentes responsables de las comunidades, sería tan absurdo como complacer a la estólida clientela que aspira a que Venezuela regrese a los famosos planes de emergencia con que apacientan sus nostalgias los mentecatos sin fronteras.

Por lo demás, los pueblos están hastiados de eso. Admiran las ideas pragmáticas esgrimidas desde arriba para orientar el pensamiento latino-americano contra la sumisión, para acrisolar y defender la cultura propia, para modificar los términos injustos de intercambio, la creciente desigualdad que ha venido afectando los precios de nuestras materias primas frente a los productos importados; para contener el consumo en beneficio de las inversiones, para lanzar la industria a conquistar mercados extranjeros en lugar de engordarla dentro de un mercado cautivo con los sacrificios del pueblo consumidor.

La política petrolera es una gran fuente de enseñanza. La opinión respalda el nacionalismo positivo sin confundirlo con el odio o con la envidia contra el extranjero poderoso, ni con la mezquindad ni el egoísmo contra el débil; el nacionalismo que no promueve entreguismos sino reivindica miles de millones, que no provoca artificiales recesiones para respaldar maniobras extrañas contra la soberanía nacional, que no abandona las regiones de frontera sino las fortalece, y clarifica los problemas limítrofes, y sostiene sabia y eficientemente los derechos venezolanos sin mengua de la fraternidad de estas naciones que es obra y legado del Libertador.

Rechacemos la Universidad especialista de la era mecánica, la universidad politiquera que engendró el maniqueísmo veintiochesco, es decir, la del bochinche que en el fondo prefieren los explotadores; pero rechacemos también cualquier intento de restaurar la Universidad pasiva, aldeana, la universidad museo, la cárcel medioeval.

Erijamos la Universidad abierta, dinámica, eficiente; la que corresponde a la era eléctrica, proyectada hacia el futuro en atrevida búsqueda de la verdad para proclamarla sin dogmas, sin soberbia, vinculando a los venezolanos como en los mas bizarros tiempos de su historia al destino generoso y libre de la humanidad.



[i] Sobra decir que no creemos en ese desarrollo independiente que deja un amo para ser siervo de otro, ni en la trágica independencia del mendigo.

[ii] Según el informe de la Comisión Internacional sobre Desarrollo de la Educación bajo los auspicios de la UNESCO, “las transformaciones en la década 70-80 permitirán salir de la educación dispensada únicamente en los establecimientos escolares a otros sistemas mas abiertos”.

Prevé igualmente la transformación de las Universidades en instituciones de vocación múltiple, abiertas a los adultos al mismo tiempo que a los jóvenes y destinadas a la formación permanente”.

El Nacional, 13 de Octubre de 1972, pag. C-12.




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Blog elaborado y/o administrado por este Licenciado en Educación, mención Ciencias Sociales (UCABET, 1979), residenciado en Táriba, Municipio Cárdenas del Estado Táchira, en la República Bolivariana de Venezuela. Carrera 5 Nº 5-30, Tlfs. 0424 753 4227, y 58-276-3943720. joseernestobecerra@gmail.com y en twitter @joseernestob